sábado, 18 de agosto de 2012

Ante los dramáticos incendios del verano de 2012





MEA CULPA


Mea culpa, mea culpa y mi grandísima culpa. Si, si, y la de muchos, Qué he hecho yo por el monte?. Pues nada, ni yo ni casi nadie. Unos pocos han hecho mucho y hasta con su vida. Pero eso no es suficiente. ¿Quién gestiona el monte, ahora que en plena crisis nos podía dar tanto?.

Presumía yo en mi juventud de que más de la mitad del territorio español era forestal y, eso unido a mi complicidad innata con el bosque, me puse a estudiar esa ingeniería ¿Cómo no iba a encontrar trabajo? Pero llegué tarde, se puso de moda el medio ambiente, las grandes infraestructuras y todos a lo mismo ¿a donde se fue la sabiduría de los forestales, dónde las competencias de los Distrititos provinciales, de los Patrimonios forestales, del Icona…Dónde están los técnicos forestales, dónde la Administración forestal? Parece que la veo perdida entre alimentos, agua, costas y el consabido “medioambiente”. Casi se la ha tragado la tierra o se ha ahogado en otras llamas.

Arde el bosque, sobre todo, porque no sabemos qué es el bosque. Un poquito de altas temperaturas, viento, mala suerte…y mucha ignorancia. Por eso muchos vemos la tele y decimos: otro incendio! Ay, que susto!.

 “Care silva", queridos bosques, así comienza Häendel un aria de su preciosa ópera Atalanta; también muchos cuentos tradicionales empezaban "Érase una vez un bosque encantado..." y eso nos enganchaba a su lectura, y nos hacía sus cómplices. En la pasada sociedad rural al monte le debían, entre otras muchas cosas, el calor del invierno, el frescor del verano y el placer de los sentidos. Además de alimentos y salud. La gente quería al bosque y el bosque no ardía tanto. 

Ahora cada día hay un incendio, hoy decenas. Hacemos que nos irritamos pero, fuera de la truculencia de la noticia, no nos importa más. Se ha repetido hasta la saciedad los millones de hectáreas incendiadas, las pérdidas económicas, las ecológicas, el número de muertos, y como si nada. Solamente nos quejamos, sin pensar que el 95% de los incendios son, directa o indirectamente, provocados por el hombre. Se han buscado causas, soluciones, culpables, pero nos tranquilizamos haciendo campañas y echándonos la culpa unos "colectivos" a otros, o "buscando" al pirómano, que como ya decía Cunqueiro mucho ruido y al final nunca aparece. Exceptuando unos poquitos fuegos,  creo que al monte le quema la ignorancia. El hombre se ha olvidado de su valor.

¿Y si probásemos otra terapia? Por ejemplo, la del conocimiento y del amor. Porque  ¿fomentamos el aprecio del bosque?, ¿enseñamos a nuestros hijos, así en general, a amar el árbol?
El árbol no es querido y en muchos lugares solo se le recuerda por los topónimos. En Castilla, que ya lleva tiempo perdiéndolos, hasta la concentración parcelaria, no siempre beneficiosa, ha acabado con hileras, grupetes e incluso ejemplares aislados que eran un hito en ese hermoso paisaje de escasas y puras líneas. En otros lugares son los encinares que se roturaron para sembrar, los olivos que habrá que levantar porque sobra aceite, y los viñedos sin cuyo cárdeno color nos quedaremos porque sobra vino. 

Y ¿por qué cuento esto? Porque si seguimos desconociendo, despreciando y maltratando nuestros bosques tendremos mucho perdido. Quiero dedicar el espacio que me resta a lo que debemos hacer los que no podemos hacer nada, o sea los que nos duchamos con el grifo cerrado, o nos crispamos por cada olor a chamusquina. Podemos hacer algo, fácil y baratito: podemos contar, sensibilizar a otros, dar a conocer cada uno lo que sepa, porque al fin y al cabo, casi siempre, la estupidez y la barbarie tienen su base en la incultura y en la falta de formación, por no citar el egoísmo; "pensar globalmente, actuar individualmente", es un principio de difícil aplicación. Por eso, y aunque parezca obvio, quiero llamar la atención sobre los valores del monte: valor productor, protector y social. 

Aunque sobre todo el bosque es vida, millones de vidas, armonía y belleza, no estaría mal recordar que son muchas las rentas directas que producen los montes: madera (si son arbolados), leñas, resinas, ganadería, caza, plantas aromáticas, medicinales, culinarias, pero también proporcionan bienes intangibles corno son el confort climático, recreo, bienestar, limpieza de contaminaciones, reserva genética y paisaje, ese incomparable paisaje que se percibe con todos los sentidos. No todas se dan siempre, pero sí una que estimo corno la más importante: la producción de agua, hacia la atmósfera y hacia los acuíferos, papel que hay que reconocer a los propietarios.

Como estamos en España, territorio que hemos ido desertizando, la función protectora del monte supera, en general, a la social, incluso a la de producción, ya que cumple un papel singular en la lucha contra la erosión y el control de riesgos. La masa vegetal es capaz de mantener por adherencia gran cantidad de agua y, si no existe, el agua se desliza rápida, arrastrando materiales y puede anegar valles, destrozar cultivos, provocar daños a la comunidad piscícola, a las vías de comunicación, al hombre, y terminar en el mar o, lo que es peor, aterrando los embalses, que sí es verdad que hay alguno al 10% de su capacidad, también lo es que otros, en poco tiempo, ni siquiera tendrán esa cabida útil. 

Para respetar y mantener este espacio conviene empezar desde pequeños y para eso deberíamos contar a los niños, como antes, cuentos que se desarrollen en bosques de hadas, en ríos cantarines, y alguno menos en naves espaciales o en territorios calcinados por la guerra, con entes todopoderosos que destruyen con solo extender el brazo. Hacerles oír además de "hoy no me puedo levantar, el fin de semana lo pasé fatal", o el "zon zon" del "bacalao", alguna musiquilla que estimule su sensibilidad hacia la Naturaleza. Enseñarles el placer de dibujar un frondoso castaño, un potente roble o un campo de amapolas, además de los consabidos robots, guerreros, etc. Y llevarles a pasear, además de la vista por el ordenador, por el campo, por el paisaje. 

Después, de mayorcitos, les haremos ver que si van de excursión, es más satisfactorio llevarse un bocadillo de queso y unas almendras, que una parrillada de chuletas; y menos agresivo y más placentero escuchar, desde el silencio, el cantar del viento o de una cascada, que el bramido de una moto, ladera arriba. ¿Se da cuenta el lector de la cantidad de paisaje desaparecido o transformado o degradado en los últimos tiempos?

Y es que el paisaje parece como ese aire que nos rodea, que no nos va a faltar pero, el de calidad, sí.
Ahora es otra cosa, ahora se nos queman todos los bosques. Los quemamos, y los ribazos, los sotos y lo que caiga.
No entraré aquí en la pérdida de vidas, que en realidad es lo único importante, en los daños económicos, ni siquiera en los ecológicos ya muy comentados. Quiera resaltar una pérdida que a muchos pasará desapercibida: la destrucción del paisaje. 

El paisaje que además de constituir el trasfondo, el escenario de nuestra vida, es goce estético. Un placer visual y del olfato y del oído, todos los sentidos perciben el paisaje, que quizá echemos en falta cuando decidamos levantar la vista de las “pantallas”. Claro que para el goce del paisaje no son suficientes los ojos que ven e incluso miran, hace falta la conciencia para contemplar, y eso es casi cultura.
¿Ha visto el lector un paisaje quemado? ¿Se ha parado a contemplarlo? No verá, ni oirá, ni olerá, ni pisará y si lo hace más le valiera no hacerlo
Si ciertas alteraciones, cambios o deterioros del paisaje pueden detraer su calidad, el incendio lo destruye de una forma irreversible, puede decirse que cambia su signo y cuanto más valioso era más desolador es el resultado. Y no sólo se pierde la estética de todos los valores que resume, se destruye su valor testimonial, pues cada rincón del paisaje es un archivo de la historia y evolución del medio.

 Es verdad que en otros tiempos también se han arrasado campos, se han cortado bosques para carbón, para la industria, para cultivar algo, cuando el hambre, pero era todo paulatino, lento, quito este pongo lo otro. El hombre se incorporaba a la evolución, no era su enemigo. También es verdad que hay mucho paisaje, todo es paisaje, pero algunos son singulares, irrepetibles y el de todos los días, ese que nos rodea y en el que nos reconocemos o encontramos nuestra infancia tiene cada vez menos calidad; el otro, el recóndito nos cae un poco lejos y ha de quedarse para las ocasiones, aunque también llegaremos a él, todo es cuestión de tiempo, porque ya sabemos del poco aprecio por lo que no cuesta.

Yo me decía hace tiempo: bueno, no dramaticemos sobre el lobo-mercado feroz, porque el paisaje aún puede ser nuestro recurso más abundante, el menos explotado; y la gente, tanto la de dentro como la de fuera, ya demanda calidad en su entorno y además en su ocio. El paisaje puede ser una potencial mercancía a vender con bajo coste para nosotros (consumir paisaje no supone deterioro ni destrucción de nada, es como oír la radio) y puede ayudar a estructurar un turismo rural que es la única perspectiva de muchas de nuestras comarcas.

El Convenio Europeo del Paisaje, que entró en vigor el 1 de marzo de 2004, ya aboga por la protección, gestión y ordenación de los paisajes europeos, pero va muy lenta su aplicación.
Porque, además, el paisaje es un recurso socioeconómico ligado a su calidad y singularidad, y el agricultor, al margen de las decisiones de los ministros europeos del ramo debe diversificar sus rentas. Algunos hombres del campo ya han comprendido que su futuro depende, en parte, de Ia conservación y manejo de su paisaje, bien tan útil y escaso (en calidad) como el agua clara, el aire limpio, las playas acogedoras, etc. A otros muchos, a los que viven de todo eso que la Comunidad no quiere, habrá que decírselo. 

Generalmente, podría decir siempre, calidad de paisaje indica calidad ambiental y ésta se revela como un importante recurso monetario del futuro, dinamizador de ciertas economías. Ubicación de viviendas, empresas o industrias punteras no buscan únicamente lugares accesibles, ni proximidad a materias primas, ni siquiera bajos costes si no, y sobre todo, calidad del medio ambiente, calidad del paisaje.

El aprecio por el paisaje puede ser síntoma de madurez, de que vamos adelantando en entender lo que es calidad de vida, y a ello nos ayudaría mucho la consideración de que para disfrutar del paisaje no hace falta ser dueño de la "parcela". Ya lo dijo el poeta: "Cleón" posee ciertamente fanegas, pero el paisaje es mío". Y la emoción también, no es cosa de despilfarrarlos.

Y, finalmente, habrá que convencer a los propietarios y conseguir de la administración que, en lugar de una ínfima parte de las rentas directas, les van a llegar otras por el mero hecho de mantener el bosque. Si se amenaza con "el que contamina paga" ¿por qué no se promete "el que conserva cobra" y, por tanto, una rentabilidad inducida por la simple existencia del monte?  Ello no significa "no hacer nada", sino una exigencia de buen manejo. Esto, en vez de inquietar a los gobiernos, puede ser una oportunidad, un grano más para el bolsillo de los que deben quedar en el agro para que pueda haber ese imprescindible equilibrio territorial, del que tanto se habla: El hombre rural guardián de la naturaleza.
Si se quiere algo menos altruista ¿por qué no menos aerogeneradores, que también agreden el bosque, y más biomasa, que lo limpia? Y pesar de tanto ambiente nos olvidamos que el monte es un perfecto organismo-empresa sostenible “de la cuna a la tumba”, que se dice, y lo aprovechamos poco o nada. Si tuviésemos la voluntad y valentía de progresar en eso que se llama la “energía de la biomasa” y que está dormidita en sus inicios, cuánto ganaríamos, nosotros y el monte.

Quizá así evitemos que mucha gente vea el bosque como algo hostil, de lo que hay que huir, o algo inútil que hay que quemar.
Y ya es hora de que lo sepamos: el bosque no existe porque sí, es preciso un decidido propósito de conservarlo, incluso por parte de "los que no podemos hacer nada", porque sea de quien sea la culpa, a todos nos debería avergonzar lo que está pasando.
Sería triste que a los pobladores de este principio de siglo, con tantas hazañas a nuestras espaldas, nos tuviesen que recordar como “los quemadores del bosque
PD:¿ y si encargásemos de su cuidado y custodia a los que saben del monte?

Teresa Villarino Valdivielso
Dr. Ingeniero de Montes
Miembro de Comité de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible
Instituto de Ingeniería de España 


miércoles, 1 de agosto de 2012

Cuando Éramos Agradecidos con la Madre Tierra


En este primero de agosto muchos pueblos agricultores de la región andina (quechuas, aimaras y otros grupos étnicos) brindarán a la Madre Tierra, la Pachamama, numerosas ofrendas con el fin de retornar, de forma ritual, parte de lo que la tierra les ha concedido a lo largo del año. Es en agosto, mientras la tierra descansa y, antes de que despierte hambrienta, cuando los campesinos de los Andes le ofrecen comida, bebida y animales a una madre fecunda y prospera que, año tras año, provee de alimentos a sus hijos. Y es que, ya lo dice el refranero español  “de bien nacido es ser agradecido”. Aquí, en España también lo éramos, agradecidos me refiero, pero eso fue en otro tiempo. Un tiempo en el que se daba descanso a la tierra después de años de cultivo, se la nutría con los mejores abonos orgánicos, se hacían grandes fiestas honrando a las cosechas o se bautizaban a las patronas de los pueblos con nombres tan evocadores como: Virgen del Campo, Virgen de la Vega, Virgen de la Espiga, Nuestra Señora del Olivo o Nuestra Señora de la Encina. Humildes y agradecidos, los españoles de antaño conservábamos, reciclábamos y reutilizábamos no sólo por necesidad, que también, sino  en aras del  buen hacer y haciendo caso a la vieja sabiduría popular. Pero… qué demonios!! Ahora estamos en la España del Siglo XXI, disfrutando de nuestros aeropuertos sin aviones, nuestros AVE sin pasajeros, nuestras autopistas a ninguna parte, nuestros tres millones y medio de viviendas vacías, nuestros megalómanos centros culturales y de ocio... Estamos construyendo un gran país, moderno y desarrollado, a la cabeza de Europa en número de parados, tasa de pobreza, toneladas de alimentos desperdiciados, obesidad infantil, dependencia energética, emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), fracaso escolar… También somos de los primeros en Europa en tecnología: uso de redes sociales y conexiones de internet a través del móvil. Ah! y todo ello por mérito propio eh?

Por:
Susana Troitiño. Bióloga Ambiental Especialista en Ordenación del Territorio.

sábado, 28 de julio de 2012

Trasplantando árboles


 

Rápido e ingenioso procedimiento de trasplante de árboles, reduciendo al mínimo el estrés sufrido por el árbol, como consecuencia de  la manipulación del mismo

martes, 17 de julio de 2012

Autopistas Urbanas de Madrid

 Algunas de las principales “autopistas urbanas” de la ciudad de Madrid

Madrid está clavada, rodeada y constreñida por autovías. Esas autovías -no distingamos ahora si son autopistas o autovías- se meten, o mejor dicho, irrumpen en el tejido urbano de forma súbita. Tanto las radiales como la circundante M-30, que, no sin razón, fue elevada a la categoría de C-30, llamando calle a lo que evidentemente ya había quedado incorporada al meollo de la ciudad, interaccionan con la funcionalidad urbana, creando una serie de importantes problemas.

Por estas vías entran y salen todos los días en el sentido centro-periferia-centro más de dos millones de personas. Y da lo mismo que se incremente el número de vías penetrantes/salientes, como el número de anillos de distribución, que los atascos diarios en laborable y en periodos punta se siguen produciendo.

Existe un efecto llamada que consiste en que cuanta más oferta de vialidad rodada se ponga en el mercado urbano, más demanda de tráfico rodado se produce, robada, sobre todo, al transporte colectivo. De nada han servido las de peaje, de las que los usuarios, logicamente, huyen como alma que lleva el diablo.

Para ser gráficos, la ciudad en esos intervalos de tiempo no es capaz de “tragar” el caudal de vehículos que pretenden entrar/salir y se producen “los atascos”. La ciudad colapsa en buena parte de su extensión, con las consiguientes deseconomías y pérdidas de valor social. ¿Y por qué la ciudad no traga? Pues, entre otras cosas, porque la ciudad de Madrid carece de vías capaces de absorber unos elevados volumenes de vehículos por metro cuadrado de vía.

No son vías de gran capacidad, pero tampoco son vías de conectividad propiamente urbana. Son un híbrido entre una y otras. Arterias tales como la Castellana, calle Serrano (N-S), María de Molina, José Abascal (E-O), O’Donnell, Francisco Silvela y alguna más son vías congestionadas y, cuando no lo están, son utilizadas como autovías, cuando en realidad son vías urbanas.

Esto hace que una inmensa mayoría de conductores se crean, sobre todo en estas arterias transversales, que están en una autovía, o sin creerlo, las usan como tales a una velocidad superior a los 50 kilómetros/hora que es la velocidad máxima que autoriza el CC, con graves consecuencias en la accidentalidad mortal. ¿Cabe alguna solución para que dicha limitación se respete? Difícil solución, ya que las medidas sancionadoras dan de sí lo que dan, en éste como en otros casos y la educación vial -inexistente- tarda años en dar resultados tangibles.

Una solución hubiese sido ( en vez de, o además de, pero la cosa no está para ello) haber creado en su momento penetraciones soterradas con un distribuidor que conectase en breve espacio y tiempo la verticalidad y la transversalidad de la ciudad y ambas entre sí. Los anillos de distribución externos a la propia ciudad son disuasorios para viajes urbanos y periurbanos. Sirven, sobre todo, para que los viajes foráneos no tengan que atravesar la ciudad.

Las limitaciones o los malos diseños urbanísticos e infraestructurales, difícilmente se resuelven con soluciones que no sean infraestructurales. Mientras, para amortiguar esta situación no cabe otra cosa que seguir con medidas sancionadoras y limitantes a los excesos de velocidad, pero nunca se sabe si es mejor el remedio que la enfermedad, ya que potenciar éstos, es favorecer los atascos.

El consistorio debe enfrentarse al problema y buscar soluciones más imaginativas que las que ha tomado hasta ahora, que ha sido ninguna. Quizá una flexibilización del código, con discriminación horaria, de la velocidad, pueda conjugar los intereses de los viandantes con los “viacirculantes” urbanos, permitiendo superar los 50 kilómetros por hora en determinadas horas y rebajándola en otras, incluso, de forma móvil, adaptándola a los flujos de cada situación. Casi siempre, las mejores soluciones son dinámicas. Nada es estático por siempre. 

 Por
JEV: es economista y consultor, especialista en Transporte, y miembro del Foro del Transporte y el Ferrocarril (FTF).


Salvar castaños centenarios de las vías del AVE en Laza (Orense)

Fuente: ABC

SGHN pide parar los trabajos del AVE en Laza, ante el riesgo para castaños


16-07-2012 / 20:02 h EFE
La Sociedad Galega de Historia Natural, con delegación en Ourense, ha solicitado la "paralización cautelar inmediata" de los trabajos del AVE en el municipio orensano de Laza, en pleno Macizo Central orensano, ante el riesgo que entraña para una zona de más de "dos mil castaños" en el lugar de Cerdedelo, que no está incluida en la declaración de impacto ambiental, según informa en su página web.
............................
(Ver artº completo)

miércoles, 11 de julio de 2012

El Convenio Europeo del Paisaje "empieza a dejar de ser una formulación teórica para plasmarse en normativas"


El Convenio Europeo del Paisaje "empieza a dejar de ser una formulación teórica para plasmarse en normativas"

Jueves 12 de julio 2012


Domingo Gómez Orea, Premio Augusto González de Linares en Medio Ambiente en 2009, ha participado en Suances en un Curso de Verano de la UC

   SANTANDER, 6 Jul. (EUROPA PRESS) -

   El catedrático de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid Domingo Gómez Orea, ha dicho en Suances que el Convenio Europeo del Paisaje "empieza a dejar de ser una formulación teórica para plasmarse en normativas a través de planes de ordenación del territorio y a través de políticas sectoriales como en agricultura, infraestructuras o energía".

   Gómez Orea ha participado en los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria que tienen lugar en El Torco de Suances, en esta edición para abordar la importancia del paisaje y la aplicación en España del Convenio Europeo del Paisaje.

   Según el Convenio Europeo del Paisaje, este es "cualquier parte del territorio tal y como la percibe la población". Por ello, este ingeniero agrónomo ha afirmado que "la población, propietaria de los recursos, tiene la última palabra, no los gobernantes ni los técnicos".

   La sensibilización y la formación son importantes para Domingo Gómez Orea, pero confiesa que son métodos a medio plazo, y que "hay asuntos que no pueden esperar al medio plazo", ha explicado defendiendo la protesta ciudadana como vía de lucha contra posibles vulneraciones del paisaje.

   El Convenio Europeo del Paisaje, según Gómez Orea, ha supuesto una concienciación de la población y de las autoridades. A partir del convenio se están elaborando en algunas comunidades autónomas leyes específicas para gestionar el paisaje, como las pioneras de Valencia, Cataluña, Galicia y País Vasco. En Cantabria, ha recordado el ponente, se está desarrollando actualmente un proyecto de ley sobre el paisaje.

   Gómez Orea, que obtuvo en 2009 el Premio Augusto González de Linares en Medio Ambiente, cree firmemente que la crisis es una buena oportunidad para cambiar el modelo de vida, para adherirse al movimiento minimalista que profesa el ambientalismo y la cultura del no consumismo.

   "Consumamos menos, gastemos menos, no pretendamos ganar más sino vivir con menos y ser felices con eso", ha defendido el ponente, que ha defendido la importancia de abandonar la cultura de la competitividad contra los demás y contra la propia naturaleza, para "ser colaborativos y repartir recursos y trabajo".

   Utilizando una metáfora, Domingo ha comparado la crisis con una crisálida: "Ambas son aquello en lo que se convierte esa oruga gorda que come y come, hasta que se forma el capullo, y un buen día sale una mariposa con alas hermosas". "Nosotros estamos en fase de la crisálida y esperemos pronto convertirnos en mariposa", ha deseado y aventurado a la vez.

Puede ver la entrevista original dando click aqui
Y visite nuestro sitio de internet www.melissaconsultoria.com

viernes, 6 de julio de 2012

«Cantabria debería legislar sobre paisaje antes de pensar en molinos»


Teresa Villarino alerta sobre los daños que puede sufrir el medio si no se tiene en cuenta «un orden correcto de prioridades» 
06.07.12 - 00:14 - JOSÉ CARLOS ROJO | SANTANDER. Para el Diariomontanes.com
-----------------------------------------------------------------------------------------------------

A veces, la burocracia parece cebarse especialmente con ciertos asuntos. «Es muy decepcionante la lentitud con la que se está adoptando el Convenio Europeo de Paisaje en España (conocido también como Convenio de Florencia). Se firmó en 2004, y hay algunas regiones que aún no lo han aprobado, que incluso piensan demorarlo hasta 2014». La razón de la indignación de la ingeniera de Montes y especialista en medio ambiente y ordenación del territorio Teresa Villarino tiene razón de ser en «el desdén con el que nuestros políticos han tratado durante todos estos años al paisaje».
El paisaje cántabro ha sido fuente de disputas repetidas veces
sobre los diveros planes de explotación eólica. :: ROBERTO RUIZ
La ponente no tuvo remilgos en su denuncia pronunciada ayer en el foro sobre paisaje que celebró en la sede de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria en Suances. «Los políticos son reticentes, les cuesta sentarse a pensar y elaborar una ley de paisaje. Un ejemplo claro es Cantabria, que debería legislar sobre esto antes de pensar en planes eólicos y molinos», aseveró.
Aunque no hay que irse tan lejos para valorar esta problemática a escala regional. «Desgraciadamente en esta costa he visto muchas monstruosidades. El primer ejemplo podría ser esta villa, sede de este curso. ¿Cómo es posible que se haya consentido construir sobre la duna? Los paisajes tienen que preservarse, porque además son un foco de riqueza», razonó.
Riqueza de España
Especialmente en España, enclave privilegiado con diversidad de climas, entornos y naturalezas. Fuente de ingresos a través del atractivo turístico que convierte a ese sector en uno de los más fuertes del panorama nacional, y que ahora, cuando la crisis aprieta el cinturón, parece quedar en último término. El mayor paradigma es Valdevaqueros, y el feroz proyecto de construcción junto a la playa que permanece en un 'impasse'. «No creo que la crisis vaya a empeorar la situación de los paisajes. Sí es cierto que con los recortes habrá menos financiación para dedicar a la recuperación de algunos entornos; pero afortunadamente tampoco llega dinero al promotor para llevar a cabo esas salvajadas que se proyectan», celebró la ponente, que llamó al ánimo colectivo para «estar ahí, protestar, asociarnos, reunirnos y opinar sobre el paisaje». Quizá eso sea lo más importante, pero para hacerlo con buen juicio hay que conocer.
«Y en ese sentido es donde debemos mejorar. Hay que educar sobre paisaje, para que todo el mundo pueda juzgar y lo haga con conocimiento de causa; para que sepamos valorar lo que tenemos y aprendamos a conservarlo», explicó Villarino en el monográfico que se ha celebrado durante toda la semana en la sala El Torco, de Suances.


Entrevista extraída de sitio web diariomontanes.es
para ver el link de la entrevista de clik aquí
Visite nuestro sitio web www.melissaconsultoria.com